En género humorístico leía todo lo que caía en mis manos, tanto de Bruguera como de Valenciana. De la primera me gustaban mucho Vázquez, Ibáñez, pero sobretodo Raf; de la segunda, la elegancia de Nin, pero sobretodo Rojas de la Cámara.
Ya en tiempos más recientes y nos situamos en el boom de los 80, que es probablemente donde yo me forjé como dibujante hubo sobretodo dos dibujantes que me marcaron más que ningún otro: Carlos Giménez y Víctor de la Fuente. Me parecían y me siguen pareciendo dos auténticos monstruos de la historieta en España. De ellos y de algunos otros como Font, Azpiri, Fernando Fernández, Jesús Redondo...intenté beber, técnicamente hablando.
-¿Cuales son para ti las mejores obras?
En el terreno de los clásicos, sin duda El Capitán Trueno. En humor, el Superlópez de Jan. Casi toda la obra de Carlos Giménez y en particular Paracuellos. El Haxtur de Víctor de la Fuente que conocí en la revista Trinca fue para mí un auténtico revulsivo, en un tiempo en el que yo me había alejado parcialmente de los cómics. Breccia también me ha parecido uno de los grandes maestros, es difícil escoger una obra suya porque cada una tiene el encanto de una trayectoria riquísima y en constante evolución, probablemente Mort Cinder resuma mejor que cualquier otra esa búsqueda constante del maestro.
-¿Cómo te planteas la narración?
Debo decir en honor a la verdad que en cuestión de cómics a mí me ha de entrar por el ojo. Con ello quiero decir que un dibujo atractivo a mí me parece fundamental para que una historia me guste. Quizá por ello, cuando abordo una historia me preocupa que haya una imbricación lo más perfecta posible entre el texto y el dibujo. Hasta el punto de que ya en los preliminares de un proyecto necesito visualizarlo. Guión y story board es algo que hago al unísono. En el aspecto narrativo intento adecuar la historia que quiero contar al tipo de público al que me dirijo.